08 octubre 2012

Atrapado dentro de un hijoputa.


Una enfermedad es como un mundo de muchos continentes.

Hay lugares de ese mundo que solo visitan y conocen los médicos, lugares con nombres como: ritmos, tensiones, presiones, concentraciones,  contracciones...  se acercan cada día a las orillas de tu isla y te hablan de esos lugares.

Normalmente te hablan solo de los lugares más turísticos y visitados, esos que se han preparado para que los visitantes de fuera se sientan cómodos. 

Pero si eres un aventurero como yo, si necesitas alimentar tu exigente curiosidad como me pasa a mí y se lo pides, te hablaran de pueblos más recónditos y extraños. Si disfrutas todavía más de la aventura también puedes coger una mochila y explorar por tu cuenta, conocer esos lugares perdiéndote en ellos.

Hay otros países en ese mismo continente: el país de los enfermeros, el de los administrativos, los celadores... pero la gente suele ignorarlos.

Les pasa un poco como a Estados Unidos dentro de América. Cuando te preguntan qué tal tu enfermedad normalmente la gente te pregunta solo por el país de médicos. Pero el país de los celadores también está ahí, y también es importante. 

Pretendo con todo este rollo que abráis un poco vuestra mente antes de explicaros algo que me asusta mucho. Que tengáis claro que la enfermedad es un mundo enorme y complejo, con muchos otros continentes y que nadie, ni siquiera los médicos, conocen completamente su propio país, mucho menos los otros países o continentes. 

Nadie lo sabe todo de este mundo, hay miles de cosas que yo desconozco de mi enfermedad porque son cosas que solo entienden los médicos, y ellos tampoco sabrán nunca muchas cosas de esta enfermedad porque solo los pacientes saben lo que es vivir en esa isla.
 
La isla en la que vive el paciente es muy escarpada. Si el clima lo permite (y no siempre) los médicos, familiares y enfermeros pueden fondear a los pies de algún acantilado. Si el clima es muy bueno alguno puede incluso desembarcar en alguna cala, pero eso depende mucho de como sea el paciente y de qué enfermedad se trate. 

En su interior, la isla es pequeña, oscura, llena de calamidades, dolores, miedos y soledad, pero se puede aprender a vivir bien en esa isla. Sí se puede. 

Vivir en el continente de los amigos y familiares tampoco es nada fácil. Ellos intentan desesperados ayudar al paciente en su isla, visitarlo y pasar el máximo tiempo con él para que no se sienta solo. Pero difícilmente pueden hacer más que fondear en su costa y por más que lo intenten no podran acompañar al paciente en lugares de su interior como dolor, o muerte, allí el paciente casi siempre se sentirá solo.

Solo los habitantes anteriores de esa isla son capaces de entender realmente lo que supone vivir en ella, y solo leyendo las historias dejadas por habitantes anteriores o recibiendo la visita de alguno, será el paciente capaz de evitar sentirse solo e incomprendido en algunos lugares de esa isla.

En los últimos dos años yo he viajado mucho por el mundo de mi enfermedad, ya lo sabéis, conozco bastante más de lo que es habitual en un paciente el continente de los médicos, enfermeros y celadores.  Seguro que muchos ya habréis leído historias sobre mis viajes por esos lugares.

Hoy voy a hablaros solo de mi isla.

Normalmente os hablo solo de su costa, de lo que ven y hacen los medicos y enfermeros en sus orillas, cuando vienen de visita. Pero hoy necesito hablaros de cosas increíbles que están sucediendo en su interior.

Llevaba mucho tiempo, meses, sin tener que visitar su interior. Hasta la semana pasada el clima había sido bastante bueno así que me había hecho un barquito y vivía prácticamente en él. De vez en cuando recibía la visita de algún medico y tenía que subir a la isla a por algo pero en general llevaban muchos meses sin visitar muchos lugares de su interior.

Creía conocer muy bien esta isla en la que me ha tocado vivir. Hace dos años la exploré tantas veces de arriba abajo que me sentía muy confiado en que no tendría ningún problema en volver a instalarme en su interior cuando volviese el mal tiempo.

Pero estaba muy equivocado!!

Según los médicos, la isla está perfectamente, todo es normal, pero ellos no saben las cosas que suceden en su interior. 

Hace dos años yo había encontrado mis caminos, mi modo de sentirme cómodo viviendo en ella. Pero la isla que me encontré el lunes pasado cuando tuve que volver al interior no parece la misma. 

Esta isla está hechizada, o maldita... imposible no compararla con la isla de la serie de televisión Lost. Se mueve, cambia de posición a su antojo y estoy por asegurar que también se desplaza en el tiempo. Me he perdido en ella tantas veces estos días! No he encontrado ninguno de mis viejos caminos. El clima cambia constantemente, de calor a frío extremos. La costa se ha llenado de riscos peligrosos, los acantilados han crecido y han desaparecido las calas, ya no hay descanso ni paz para quien se atreva a acercarse.

Creo que me estoy volviendo loco! Y lo digo en serio, no como una expresión. Porque no es solo que la isla cambie bruscamente de un día para otro, yo me siento cambiar, cada día y cada vez más rápido. Cada vez con más frecuencia me despierto en medio de la isla vestido de un modo raro y en lugares que no conozco de nada, sin saber como he llegado allí, cada vez más a menudo suceden cosas que me asustan, me acerco a la costa y veo el barco de algún familiar en medio de una fortísima tormenta, intentando sobrevivir y acercarse un poco más para decirme algo, sin conseguirlo.

Desde la isla veo las tormentas ralentizadas, a cámara lenta, con el violento oleaje convertido en una especie de relajante transición de cintas de seda pero a ningún barco parece extrañarle así que supongo que soy yo el que percibe su realidad a distinta velocidad. 

Tampoco es ya extraño que me vea a mi mismo (o al menos esas parecen mis manos, mis ojos, mi boca...) acercándome a la costa para gritar con todas mis fuerzas: "Iros todos a tomar por culo", y al ver claramente el dolor que producen esas palabras de desprecio en los rostros de mi familia, aunque mi intención sea pedir disculpas, al intentar gritar un "perdón", de esa boca que es idéntica a la mía solo salga un: "que me dejéis en paz ostia". 

Las analogía de la enfermedad con un mundo, y mi experiencia personal como si fuera una isla son recursos lingüísticos para que os sea más fácil ver las cosas como las veo yo, pero todo lo demás no. 

Aunque os cueste mucho creerlo, no estoy usando metáforas cuando digo que se pasa del calor al frío extremos, que me siento vivir cada vez más dentro de otra persona, la persona más cruel que conozco y que no soy capaz de controlarlo. Que veo las caras de dolor de la gente cuando me escuchan decir palabras que nunca pasaron por mi mente y que por más que lo intento no soy capaz de controlarlo. 

Eso no es todo, mi cabeza está llena de paranoias que me costaría muchísimo describiros. Sobretodo cuando duermo, cuando pierdo por completo el control de mis pensamientos, mi mente produce mierdas abstractas que acojonarían al mismísimo Stephen King. 

Mezclo docenas de conceptos y el resultado son ideas que solo tienen cabida dentro de mi mente.

Al principio pensaba que todo era provocado por el efecto de dos pastillas que me dieron para ayudarme a dormir. Les pedí que no me las dieran más pero el hechizo sigue haciendo que no me reconozca a mí mismo.

Así que supongo que el causante es toda esa medicación nueva que me dan para aceptar el nuevo hígado. Si es así, yo me pregunto ¿Que es lo que realmente están haciendo? ¿A qué precio? ¿Me están salvando la vida o están "instalando" a una nueva persona en mi lugar que haga que mi cuerpo se salve? 

No sé si todos los receptores de un hígado pasan por esto o es algo que solo me ocurre a mí. No sé si es debido al cansancio o a la medicación. No sé si esto será así solo la primera semana y luego volveré a ser como antes. 

Puede que todo se deba a que mi nuevo hígado no está aún funcionando a pleno rendimiento, y que los niveles de toxicidad de mi sangre estén envenenando mi cerebro. No para llegar a producirme una encefalopatía, pero sí para apoderarse de parte de mi voluntad. No lo sé.
 
Supongo (en realidad lo tengo bastante claro) que todo esto que me pasa justificaría el trabajo de un psiquiatra. Yo estoy realmente acojonado. Cuando me preguntáis por mi enfermedad os cuento lo que me dicen los médicos: eso de que mejor sería imposible. Pero hoy necesitaba intentar explicaros como está siendo esta enfermedad en mi interior. 

Tengo momentos de serenidad y tranquilidad, pero también tengo episodios de crisis que realmente acojonan porque en ellos perdía por completo el control. 

Hasta ayer. 

No os lo creeréis pero hay una cosa que aún no había probado desde que volví a la isla, algo que siempre me ha ayudado mucho: la música. 

Ayer por la noche estaba teniendo un muy mal momento, con ese dolor ahí atormentándome, sin descanso, cabreado con todo y con todos, odiándolo todo!  Era realmente intenso y no lo aguantaba! No es que el dolor fuese insoportable, era más un problema de desesperación, de impotencia, de agotamiento... y me puse música: "The son of a preacher man" de Dusty Springfield. Cerré los ojos y me dejé llevar por ella. El dolor desapareció al instante, y por primera vez en una semana encontré la paz en mi isla. 

Como lo necesitaba!! Llevaba años sin llorar de ese modo,  en serio, fue como volver a nacer!

Nada más terminar la canción busqué rápido un disco refugio que mantuviese esa paz en mi interior por un buen rato (el primero de la lista fue Cranberries - No need to argue) y me puse a escribir esto. 

No os lo vais a creer pero solo ahora, terminando este rollaco me encuentro con "I am a rock" de Simon and Garfunkel. 

I am a rock, I am an island.
And a rocks feels no pain,
and an island never cries.

4 comentarios:

  1. Anónimo1:06 p. m.

    Algún día igual te enseño mi ensayo sobre la locura... vamos, un trocito de mi isla ;P

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  2. Será un placer poder leerlo.

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  3. Por si te ayuda, también he llorado en mi isla para limpiar nuestras almas

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  4. Guau Fran... guau...
    Unha aperta moi forte amigo.

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